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Un pequeño estudio reciente que examinó a corredores de larga distancia ha encendido el debate entre médicos y atletas sobre si la práctica extrema podría asociarse con más pólipos en el colon. Los hallazgos, publicados en una revista científica, sorprendieron a quienes esperaban confirmar que correr protege siempre contra el cáncer. La noticia generó inquietud, preguntas metodológicas y el llamado a mayor investigación. Entre corredores y especialistas, la reacción mezcló interés y prudencia.
Resultados inesperados en ultramaratonistas y maratonistas frecuentes
El oncólogo que observó el patrón inicial decidió investigar tras detectar varios casos jóvenes de cáncer de colon en corredores muy activos. Reclutó a 94 atletas entre 35 y 50 años, cada uno con múltiples maratones o ultras en su historial. Las colonoscopías encontraron pólipos en casi la mitad de los participantes, un número que llamó la atención de los investigadores por encima de lo esperado. Además, el 15% presentó adenomas grandes o avanzados, aunque ninguno tenía cáncer en ese momento.
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Esos porcentajes superan las tasas históricas observadas en adultos a finales de los 40. Estudios previos ubicaban la incidencia de adenomas avanzados en un rango mucho menor. Por eso los autores plantearon la hipótesis de una posible relación entre la carga de entrenamiento y la salud del colon. Sin embargo, el estudio no incluyó un grupo de no corredores para comparar directamente.
Cómo el esfuerzo extremo podría afectar el intestino
El entrenamiento prolongado y a alta intensidad provoca cambios fisiológicos que afectan el flujo sanguíneo. Durante esfuerzos largos, el organismo desvía sangre hacia los músculos y aleja riego del intestino. Esa reducción puede inducir isquemia transitoria en la mucosa intestinal y aumentar la permeabilidad del revestimiento. La reparación repetida luego puede disparar proliferación celular y potenciales mutaciones.
Los síntomas descritos por muchos corredores refuerzan la plausibilidad de este mecanismo. Náuseas, cólicos, diarrea y ocasional sangrado rectal son quejas comunes en ultras y maratones largos. Esa inflamación repetida podría favorecer la aparición de pólipos con el tiempo. No obstante, la evidencia aún es preliminar y no prueba causalidad.
Reacciones de especialistas y recomendaciones prácticas
Expertos en gastroenterología consideran el estudio interesante pero limitado por su tamaño y diseño. “Los resultados son preliminares y no deben provocar pánico entre quienes corren”, señaló una reconocida gastroenteróloga que también corre maratones. Aun así, los hallazgos llevaron a un llamado unánime: tomar en serio los síntomas intestinales persistentes.
Consejos que recomiendan los médicos
- Si aparece sangrado rectal, consulte con un profesional de salud sin demora.
- Solicite una colonoscopía cuando los síntomas persistan o por antecedentes familiares.
- No asuma que molestias crónicas durante entrenos son «normales» y permanezca atento a cambios.
Investigadores y entrenadores insisten en equilibrar la prudencia con la evidencia que favorece el ejercicio. La mayoría de las pruebas anteriores apoyan que correr reduce el riesgo de varios cánceres. Por eso los especialistas advierten contra conclusiones precipitadas que desalienten la actividad física.
Cuestiones sin resolver que exige más investigación
El estudio dejó abiertas preguntas clave sobre factores que podrían influir en el riesgo. Entre ellas figuran el kilometraje anual, la intensidad de los entrenamientos, el sexo de los atletas y su genética. También interesa el papel del microbioma intestinal y las pautas dietarias de corredores de alto rendimiento.
Otro punto crítico es la ausencia de grupo control en el trabajo inicial. Sin comparadores, resulta difícil separar si los corredores tenían más pólipos por su deporte o por otros factores. Además, la incidencia creciente de cáncer de colon en adultos jóvenes sugiere que algo mayor está cambiando en la población. Esa tendencia obliga a investigar con muestras más grandes y diseño riguroso.
Planes para un estudio más amplio y próximos pasos
Los autores ya planifican una investigación mucho mayor para validar sus hallazgos. Pretenden inscribir alrededor de 300 corredores extremos y un grupo control de tamaño similar. La intención es analizar genes, microbiomas, dieta y género para ver cómo interactúan con la carga de entrenamiento.
También quieren incluir triatletas y ciclistas competitivos para evaluar si el riesgo está ligado a correr o al esfuerzo extremo en general. Serán estudios prospectivos con seguimiento para detectar si los pólipos progresan hacia cáncer. Mientras tanto, numerosos corredores mantienen sus rutinas y los médicos recomiendan vigilancia clínica cuando aparecen signos preocupantes.











