Siestas y deuda de sueño: neurólogo Pablo Ferrero revela si realmente ayudan

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Dormir bien va más allá de acostarse temprano: implica elegir el equipo correcto y cuidar ciertos hábitos nocturnos. El neurólogo Pablo Ferrero, especialista en medicina del sueño, ofrece pautas prácticas para mejorar la calidad del descanso. A continuación se detallan recomendaciones sobre horas de sueño, siestas, colchones, almohadas y el entorno ideal. Aplicarlas puede marcar una diferencia notable en el estado físico y mental al despertar.

Cuántas horas conviene dormir y por qué importa

Los expertos coinciden en que el tiempo de sueño óptimo suele situarse entre 7 y 8 horas por noche para la mayoría de los adultos. Dormir dentro de ese rango favorece la recuperación cerebral, el equilibrio emocional y la reparación corporal. La medicina del sueño relaciona déficits crónicos con mayor riesgo de problemas metabólicos y cognitivos.

Ferrero subraya que la continuidad y la regularidad son tan importantes como la cantidad de horas. Saltos grandes en los horarios o compensar con largas siestas altera el ritmo circadiano. Mantener un patrón estable facilita entrar en las etapas profundas del sueño que realmente restauran el organismo.

La siesta: cuánto debería durar y cuándo evitarla

La siesta puede ser una herramienta útil si se usa con criterio. Para no interferir con el sueño nocturno, los especialistas recomiendan periodos breves que aporten energía sin provocar aturdimiento al despertar. Estudios y recomendaciones clínicas señalan una duración corta como la más efectiva.

  • Siesta breve: alrededor de 20–30 minutos para aliviar la somnolencia.
  • Evitar: dormir horas largas para compensar deuda de sueño acumulada.
  • Horario recomendado: antes de las 16:00 para no afectar el sueño nocturno.

Si la semana estuvo marcada por noches cortas, la solución no pasa por alargar las siestas del fin de semana. Recuperar el ritmo requiere ajustar los horarios nocturnos de forma sostenida. Usar la siesta como parche prolongado suele empeorar la calidad del sueño global.

Cómo elegir un colchón que respete la columna y mejore el descanso

La elección del colchón es una decisión técnica y personal que merece tiempo. Ferrero señala ventajas en distintos diseños, y destaca que la sensación de confort no es el único criterio. Un buen soporte debe respetar la curvatura natural de la columna para evitar tensiones.

Los colchones de resortes aportan ventilación y suelen sentirse más «respirables», mientras que las espumas ofrecen adaptación corporal. Más allá del material, hay procesos de fabricación que marcan la diferencia en ergonomía. Un ajuste correcto evita que las zonas de mayor presión queden mal apoyadas.

Puntos clave a probar en tienda

  • Probar el colchón durante al menos 15–20 minutos en la posición de descanso habitual.
  • Comprobar que la región lumbar quede apoyada y no quede «suspendida».
  • Verificar la respuesta en hombros y pelvis; deben hundirse lo necesario sin ceder en exceso.

Informarse sobre tratamientos en la espuma como el conformado por zonas ayuda a elegir mejor. Esa técnica permite que las áreas de mayor peso se adapten sin comprometer la alineación vertebral. Tomarse el tiempo en el local evita compras impulsivas que luego generan molestias.

Almohadas: el soporte cervical marca la diferencia

La almohada adecuada sostiene el cuello y mantiene la cabeza en una posición neutra respecto a la columna. Ferrero aconseja modelos ergonómicos con dos alturas para adaptar el soporte según la postura. La pieza más baja debe ocupar el espacio bajo el cuello, permitiendo que la cabeza repose en la cavidad.

Una almohada mal elegida puede provocar rigidez y dolores matinales. Buscar materiales que mantengan la forma y ofrezcan apoyo sin forzar la nuca es clave. Cambiar la almohada cada cierto tiempo y probar distintas alturas ayuda a encontrar el equilibrio correcto.

Crear un ambiente que favorezca el sueño: temperatura, oscuridad y postura

El entorno de la habitación influye directamente en la profundidad del sueño. Lo ideal es mantener una temperatura fresca, en torno a los 19–21 °C, y eliminar fuentes de luz que alteren el ciclo nocturno. La oscuridad completa facilita la producción de melatonina y mejora la continuidad del sueño.

Respecto a la postura, si no existen problemas respiratorios como apnea o ronquidos, dormir boca arriba suele ser una buena opción. En caso de reflujo o molestias digestivas, recostarse del lado izquierdo reduce el reflujo y facilita la digestión durante la noche. Adaptar la postura a las necesidades personales evita molestias y mejora la calidad del descanso.

Pequeños cambios en la habitación, como cortinas opacas y control del termostato, producen efectos visibles al poco tiempo. Controlar el ambiente contribuye a entrar más rápido en las fases reparadoras del sueño. Experimentar con ajustes finos permite encontrar la configuración más reconfortante.

Luz, ruido y ropa de cama: ajustes sencillos con gran impacto

La exposición a luces con tonos azulados, provenientes de pantallas, frena la secreción de melatonina y retrasa el sueño. Reducir el uso de dispositivos antes de acostarse o emplear filtros de luz ámbar ayuda a crear la señal biológica de la noche. Para bloquear ruidos molestos, Ferrero valora el uso de ruidos blancos que enmascaran sonidos impredecibles.

  • Apagar pantallas una hora antes de dormir o usar modo nocturno.
  • Usar ventilador o máquina de ruido blanco para cubrir ruidos externos.
  • Preferir sábanas de fibras naturales, como bambú o algodón de alta trama.

En cuanto a la ropa, si no existen contraindicaciones médicas, dormir sin prendas favorece la termorregulación. Sábanas frescas y transpirables ayudan a mantener una temperatura corporal adecuada. Estos ajustes simples optimizan la sensación de confort y la continuidad del sueño.

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