Mostrar resumen Ocultar resumen
En un recorrido por el centro Toulouse, en Palermo, la instructora Melani Giommetti explicó cómo un enfoque distinto está renovando las clases de pilates. Su explicación se centró en las llamadas cadenas miofasciales y en cómo esa visión integral cambia el entrenamiento. Durante la visita se mostró convencida de que el método potencia el cuerpo y la postura a largo plazo. Las declaraciones aportaron detalles prácticos sobre técnicas, equipamiento y mitos frecuentes.
Cadenas miofasciales: la mirada global sobre el cuerpo en pilates
Gabriel Rolón, psicólogo: así se construye la felicidad aquí y ahora, aunque imperfecta
Hígado graso: la dieta que sí funciona y el endulzante que debes evitar
Giommetti define las cadenas miofasciales como redes de tejido que conectan músculos y fascia a lo largo del cuerpo. Esta perspectiva propone trabajar movimientos integrados, no músculos aislados. En el instituto Toulouse realizan investigación propia para adaptar estos principios al pilates. El objetivo es lograr un fortalecimiento consciente y sostenido mediante secuencias específicas.
Al aplicar las cadenas, se estimula la coordinación entre segmentos corporales y se mejora la alineación. Los ejercicios enfocados en estas líneas suelen reducir desequilibrios y dolores crónicos. Además, favorecen la transferencia de fuerza entre distintas partes del cuerpo.
El reformer: por qué es clave en la práctica moderna
El reformer es el aparato más reconocido dentro del pilates con máquinas. Está formado por una plataforma deslizante, poleas y muelles que generan resistencia variable. Según Giommetti, esa combinación permite adaptar la intensidad a cada alumno.

Lejos de ser un soporte pasivo, el reformer obliga a control y precisión en cada movimiento. La asistencia de los muelles ayuda a completar rangos articulares, pero también demanda estabilidad y fuerza del centro corporal. Por eso muchas sesiones con reformer se sienten a la vez suaves y desafiantes.
El uso de resortes remonta a los primeros ensayos terapéuticos de la técnica. Esa herencia técnica se mantiene hoy en los aparatos modernos. El reformer potencia la práctica y la hace más versátil tanto para rehabilitar como para mejorar el rendimiento.
Desmontando mitos: pilates no es solo para un grupo
Un error común es creer que entrenar en una «cama» implica menor trabajo físico. Giommetti aclaró que muchas rutinas incluyen resistencia con pesas y el propio peso corporal. Por eso las clases pueden ser exigentes y demandar fuerza y coordinación. Otro mito habitual es que pilates sea una disciplina exclusiva para mujeres.
La realidad en los estudios es distinta: crece la participación masculina y de deportistas de otras disciplinas. Muchos atletas incorporan pilates para mejorar estabilidad, flexibilidad y prevención de lesiones. La disciplina complementa entrenamientos de alto rendimiento y se adapta a distintos objetivos físicos.
Qué ponerse y cuánto invertir para empezar pilates
Para entrenar conviene elegir ropa cómoda que permita movilidad y control postural. Lo más recomendado por instructores es usar prendas ajustadas que no dificulten la observación de la alineación. También es habitual practicar descalzo para mejorar el apoyo y la propiocepción.

- Pantalón o malla ajustada.
- Remera liviana y ceñida.
- Calcetines con agarre si se prefiere no ir descalzo.
- Toalla pequeña para higiene del aparato.
En cuanto al costo, Giommetti indicó que un paquete de cuatro clases ronda los $80.000. Ese valor varía según la zona y el tipo de estudio, pero muchos alumnos lo consideran una inversión en salud. Para quienes buscan rehabilitación o mejora postural, el retorno es inmediato.
Joseph Pilates: origen del método y su expansión
Joseph Pilates nació en Alemania a fines del siglo XIX y combinó disciplinas como la gimnasia, el boxeo y el yoga. Esa fusión dio lugar a una propuesta centrada en el control del movimiento, la respiración y la postura. Desde joven mostró interés por reparar el cuerpo mediante técnicas específicas y precisas.
Durante la Primera Guerra Mundial trabajó en rehabilitación y empezó a usar muelles y camas adaptadas como herramientas terapéuticas. Esas soluciones inspiraron los aparatos que hoy se usan en estudios de pilates. Muchos ejercicios contemporáneos mantienen la lógica de asistencia y resistencia desarrollada entonces.
En los años veinte se trasladó a Nueva York y, junto a su esposa Clara, abrió un estudio que atrajo a bailarines y artistas. Llamó a su sistema inicialmente «Contrología», buscando integrar mente y cuerpo en movimientos conscientes. Tras su muerte en 1967 sus enseñanzas se difundieron y el método se convirtió en una práctica global de acondicionamiento físico.












