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El crédito al sector privado dejó de ser el motor que impulsó la actividad a comienzos de 2024. A pesar de una mayor estabilidad cambiaria y de señales de normalización en las tasas y encajes, los préstamos en pesos muestran un notable retroceso. La combinación de mayor mora y una oferta crediticia más restrictiva inquieta a bancos, empresas y familias. ¿Hay espacio para que el crédito vuelva a acelerar y empuje el crecimiento este año?
Crecimiento concentrado y la paradoja productiva
La recuperación económica se está dando, pero de forma muy desigual. Tres sectores —agro, minería y energía, y la intermediación financiera— concentran la mayor parte del empuje productivo y explican buena parte de las exportaciones.
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Crédito todavía pequeño impide despegar la actividad económica
Ese dinamismo exportador no alcanza para generar un despegue general del empleo ni de la inversión privada. La economía local necesita una expansión del crédito orientada a la inversión y al consumo para que el crecimiento sea inclusivo y sostenible.
Fondeo bancario: del exceso de liquidez al ajuste
En 2024 los bancos operaron con un excedente de pesos que facilitó un rápido aumento del crédito relativo al PBI. Además, un blanqueo y la llegada de depósitos en dólares alimentaron la oferta de préstamos en moneda extranjera.
Sin embargo, el esquema actual de control de agregados impide que el stock de pesos se expanda con la misma intensidad. El resultado es que la demanda de dinero no repunta y la inyección de dólares a las entidades no acelera.
Al esterilizar gran parte de la liquidez comprada por el BCRA, se elimina el multiplicador necesario para una expansión sostenida del crédito. Sin expansión monetaria no hay combustible para el crecimiento del préstamo.
Mora y demanda: el freno desde el lado de los hogares
El incremento de la morosidad alcanzó niveles que no se veían desde hace más de dos décadas, lo que actúa como una barrera real para la reactivación del crédito en pesos. Las familias que tomaron deuda en 2024 lo hicieron en un contexto distinto, cuando la inflación licuaba cuotas de forma implícita.
Hoy, con salarios que aún no recuperan poder de compra, muchas personas usan el crédito para sostener gastos corrientes y no para invertir o expandir actividad. Esa situación aumenta el riesgo de incumplimiento y lleva a los bancos a endurecer requisitos.
Algunas señales de estabilización aparecen en atrasos moderados, pero eso no equivale a un retorno inmediato al ciclo de endeudamiento. La capacidad de pago y la recuperación del salario real son condiciones imprescindibles para un repunte sostenido.
Cautela bancaria y reorientación del balance
Ante la combinación de mayor mora y menor apetito por riesgo, las entidades cambiaron su estrategia de colocaciones. Desde la corrección monetaria de agosto de 2024 se repitió un patrón: más adelantos de corto plazo, tasas variables y menos crédito a largo plazo.
En la práctica, esto se traduce en:
- Menor oferta de créditos personales e hipotecarios de plazo extendido.
- Aumento de la inversión en títulos públicos por seguridad y liquidez.
- Preferencia por préstamos en dólares a empresas exportadoras con flujo en moneda extranjera.
Esta reasignación reduce el financiamiento disponible para consumo e inversión privada de largo aliento, moderando así el impulso crediticio.
Condiciones necesarias para que el crédito vuelva a empujar
Expertos y banqueros coinciden en que bajar una tasa de política no basta para reactivar un mercado crediticio deprimido. Hacen falta señales de previsibilidad monetaria y una reducción sostenida del diferencial entre tasas de corto y mediano plazo.
Señales clave que podrían acelerar el crédito
- Recuperación sostenida del salario real.
- Mantenimiento del corredor de tasas en niveles menos volátiles.
- Reducción del spread entre tasas de corto y mediano plazo.
- Mayor flujo de depósitos en pesos y dólares hacia el sistema bancario.
Estas condiciones juntas podrían alentar a los bancos a ofrecer plazos más largos y tasas más competitivas.
Algunos líderes del sector mantienen un punto de vista optimista y proyectan continuidad en la expansión crediticia si se cumplen esos requisitos. No obstante, el escenario actual exige prudencia: la transición de una fase de crédito impulsada por liquidez excepcional a otra basada en fundamentos reales será gradualmente más compleja.












