Inflación en la nueva medición: tarifas, colectivos e internet pesan más, alimentos y ropa menos

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La inflación mensual fue del 2,8% y llegó acompañada de un anuncio que modifica la forma de medirla: el Indec actualizará la canasta que usa para calcular el IPC, un cambio que no se realizaba desde hace dos décadas. El reajuste dará más peso a rubros como transporte, tarifas y comunicaciones, y promete reflejar mejor los hábitos actuales de gasto. Expertos y organismos internacionales reclamaban esta revisión desde hace años. La medida genera interrogantes sobre comparaciones históricas y sobre cómo impactará en la economía cotidiana.

Por qué se renueva el IPC y qué busca el nuevo cálculo

El Indec aplicará una canasta de consumo actualizada basada en una gran encuesta que realizó entre 2017 y 2018. Ese relevamiento permitió conocer cuánto destinan los hogares a cada rubro, desde alimentos hasta servicios digitales. La actualización busca adaptar el indicador a cambios profundos en el consumo. Además, organismos como el Fondo Monetario venían sugiriendo revisiones periódicas.

El Gobierno postergó el cambio con el argumento de esperar mayor estabilidad de precios. Sin embargo, la última comunicación técnica anticipó el lanzamiento del nuevo índice hacia fines de 2025. Aún quedan dudas técnicas sobre cómo se implementará el ajuste en la práctica. El Indec prometió aclaraciones en las próximas semanas.

Rubros que ganarán peso: tarifas, transporte y comunicaciones

Los servicios cobrarán mayor relevancia dentro del IPC y, en particular, el bloque de Vivienda, electricidad, gas y otros aumentará su participación. Según estimaciones, ese rubro sumará 5,1 puntos porcentuales y pasará a representar el 14,5% de la canasta. El transporte también ganará peso: incluirá tarifas y vehículos y llegará al 14,3% del total.

  • Transporte: +3,3 puntos, hasta 14,3%.
  • Vivienda y servicios: 14,5% tras la suba de 5,1 puntos.
  • Comunicaciones: de 2,8% a 5,1%, por Internet y telefonía.

En comunicaciones influyen hoy los abonos de Internet, telefonía celular y los servicios de streaming. Esos gastos eran marginales hace 20 años y ahora representan una porción notable del gasto familiar. Por esa razón, aumentarán su incidencia al calcular la inflación.

Rubros que perderán importancia en la nueva canasta

Algunos bienes retrocederán en la ponderación del índice. Por ejemplo, alimentos y bebidas seguirán siendo el mayor componente, pero su participación bajará. Pasará del 27% actual al 22,7% en el nuevo esquema, según proyecciones.

Otros rubros que pierden relevancia incluyen bebidas alcohólicas y tabaco, que caerán de 3,5% a 2%, y prendas de vestir y calzado, que pasarán de casi 10% a 6,8%. También Restaurantes y hoteles verá una baja, desde 9% hasta 6,6% de la canasta. Estos cambios moderan el impacto de alzas en bienes sobre la inflación general.

Incógnitas técnicas y comparación con mediciones anteriores

Queda por definir si el Indec recalculará cifras pasadas para hacer la serie homogénea con el nuevo indicador. Esa decisión influirá en la comparación histórica y en el seguimiento de la evolución de precios. Especialistas esperan que el organismo explique la metodología y la fecha de vigencia precisa.

Simulaciones y estimaciones privadas

La consultora Equilibra estimó que con la metodología actualizada la inflación anual de 2025 habría sido del 32,2%, frente al 31,5% informado por el Indec. También hizo ejercicios para períodos más largos: desde el cambio de Gobierno, el IPC acumulado con la medición vigente fue de 259% y con la nueva canasta sería 270%. Estos cálculos muestran que la actualización cambia la fotografía histórica.

Consecuencias para hogares, salarios y política económica

El mayor peso de tarifas y servicios implica que las subas en luz, gas, agua o abonos impactarán más en la inflación oficial. En cambio, subas en alimentos, ropa o calzado tendrán menos efecto sobre el IPC. Esa redistribución modifica la forma en que se percibe la inflación y puede afectar negociaciones salariales y ajustes automáticos.

También repercutirá en indicadores públicos y privados que usan el IPC como referencia. Cambiar la canasta puede alterar ajustes de jubilaciones, contratos y metas económicas. Por eso, la comunicación clara de la metodología es clave para reducir incertidumbre entre familias y empresas.

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