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El filósofo Darío Sztajnszrajber propone una lectura inquietante sobre la desconfianza actual hacia las certezas. En una charla con LA NACION, puso en foco cómo la filosofía contemporánea trastoca la vieja búsqueda de verdades absolutas. Sus ideas invitan a repensar qué entendemos por verdad y por qué importa cuestionarla. El diálogo combina reflexión teórica con ejemplos cotidianos que acercan la filosofía al lector.
Darío Sztajnszrajber: cómo la filosofía se redefine hoy
Sztajnszrajber sostiene que la imagen clásica de la filosofía ha cambiado radicalmente. Ya no se trata únicamente de hallar una verdad única y definitiva. Ese giro transforma la práctica filosófica y su lugar en la vida pública. La conversación con LA NACION repasó esos movimientos y sus implicancias.
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El filósofo explica que muchas escuelas actuales cuestionan la posibilidad de una verdad final. Ese señalamiento genera debates intensos sobre métodos y objetivos. Para él, la filosofía sigue viva porque plantea preguntas que no admiten respuestas cerradas.
Tres formas de entender la verdad en el mundo actual
En su explicación diferencia tres registros de verdad que conviven y se confunden. Habla de la verdad cotidiana, la científica y la filosófica, cada una con sus demandas y límites. Entender esa distinción ayuda a discutir proyectos de vida y decisiones públicas. La discusión evita reducir todo a una sola noción de verdad.
A continuación, un esquema claro sobre esas variantes para orientar al lector.
- Verdad cotidiana: prácticas y mecanismos que permiten que la vida funcione.
- Verdad científica: explicaciones verificables y temporales sobre fenómenos.
- Verdad filosófica: búsquedas de sentido más amplias y menos operativas.
Para Sztajnszrajber esa distinción no es mera teoría. Señala que confundirlas puede llevar a malentendidos sociales. Por eso propone un uso más cuidadoso del término «verdad».
Pensamiento crítico: una herramienta frente a la incertidumbre
El filósofo destaca al pensamiento crítico como antídoto ante la crisis de certezas. Cuestionar marcos establecidos permite detectar condicionamientos ocultos. No se trata solo de negar lo dado, sino de comprender por qué funciona así. Ese ejercicio abre espacio a alternativas y prácticas distintas.
En sus palabras, la filosofía no ofrece recetas, pero sí instrumentos para desarmar dogmas. El pensamiento crítico reformula preguntas sobre poder, educación y vida cotidiana. Así se transforma en una actitud práctica, no solo en una disciplina académica.
La felicidad revisitada: ataraxia y la vida sin fórmulas
Sztajnszrajber rechaza las recetas simplistas de éxito que proliferan en redes. Propone volver a conceptos antiguos para pensar el bienestar moderno. Recupera la idea de Epicuro como una alternativa menos espectacular. Esa mirada privilegia la calma frente al brillo de las soluciones instantáneas.
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El filósofo rescata la ataraxia como meta: la tranquilidad frente a las perturbaciones. Define ese concepto como la búsqueda de placeres modestos y la ausencia de sobresaltos. A su juicio, esa postura es más realista que promesas grandilocuentes.
En la entrevista recordó una anécdota con su madre que ilustra su postura. Ella condensó la felicidad en la ausencia de molestias externas, una fórmula sencilla y eficaz. Sztajnszrajber admite no tener respuestas definitivas sobre el sentido de la vida. Sin embargo, subraya que su propio motor es el deseo de saber y el mantenimiento del asombro constante.












