Mostrar resumen Ocultar resumen
El despliegue acelerado de pozos en Vaca Muerta está cambiando silenciosamente otro negocio vital: el midstream. Mientras aumentan las perforaciones y las inversiones en shale, crece la necesidad de plantas, oleoductos y servicios que acondicionen, transporten y fraccionen el gas y los líquidos. Esa cadena intermedia, poco visible para el público, empieza a generar grandes movimientos de capital y nuevas rutas de exportación. Aquí se explica cómo funciona ese eslabón y quiénes lideran los proyectos más ambiciosos.
Qué hace el midstream y por qué es estratégico para Vaca Muerta
El midstream actúa entre la extracción y el consumo final. Se encarga de que el petróleo crudo y el gas natural cumplan normas de calidad y seguridad antes de entrar a los ductos. Sin estos procesos, la producción no podría crecer de forma rentable ni segura.
Cáncer de colon: maratones y ultramaratones podrían aumentar el riesgo, estudio
Dólar cripto hoy: ¿a cuánto cotiza este jueves 11 de junio?
Además incluye la logística de transporte, el fraccionamiento de líquidos y la venta de subproductos. Ese conjunto de actividades permite llevar productos desde los yacimientos hasta plantas petroquímicas y mercados internacionales. Por eso su expansión acompaña al boom del shale.
Cómo se transforman el gas y los NGL en productos comerciables
El gas que sale del pozo contiene metano y una mezcla de líquidos llamada NGL, que incluye etano, propano, butano y gasolinas naturales. Para poder transportar y comercializar estos componentes, hay que separar y purificar cada fracción.
Con el desarrollo del shale la proporción de líquidos aumentó: antes era alrededor de 90% metano y 10% NGL; hoy suele llegar a un 80% – 20%. Ese gas más «húmedo» tiene mayor poder calorífico y mayor valor comercial.
En términos económicos, el metano doméstico se cotiza en Argentina cerca de US$ 3 a US$ 4 por millón de BTU, mientras que la mezcla de líquidos que viaja a Bahía Blanca puede valer US$ 6 a US$ 7 por millón de BTU. Esa diferencia explica el interés por plantas de fraccionamiento y exportadores.
Quiénes están invirtiendo y qué proyectos destacan
En la escena del midstream sobresalen varias compañías que ya están ampliando sus activos en Argentina. Entre las más relevantes aparecen Mega, TGS y Oldelval, junto a otras firmas que suman capacidad y logística.
Principales jugadores y su papel
- Mega: controlada por YPF (38%), Petrobras (34%) y Dow (28%), opera plantas de fraccionamiento clave.
- TGS: participa en el acondicionamiento y transporte de gas desde Neuquén hacia el sistema troncal.
- Oldelval, TGN, Oiltanking Ebytem y VMOS: completan la red de oleoductos y servicios asociados.
Inversiones anunciadas y el impulso del RIGI
Las empresas buscan resguardar sus desembolsos solicitando beneficios del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). El objetivo es garantizar retornos ante proyectos de alto capital intensivo.
TGS anunció una inversión cercana a US$ 3.000 millones para llevar su capacidad de procesamiento de 28 a 43 MMm3/d. El plan incluye un poliducto y una planta de fraccionamiento para producir 2,7 millones de toneladas de líquidos por año.
Por su parte Mega completó una ampliación en Bahía Blanca tras invertir US$ 260 millones, y busca protección del RIGI para otro proyecto de US$ 360 millones. Esa obra agregaría 500.000 toneladas anuales, del cual el 80% iría a exportación.
Mercados, usos y oportunidades externas
Los NGL tienen destinos industriales muy claros: el etano se usa en la producción de polietileno, mientras que el propano y butano alimentan mercados de GLP y garrafas.
En regiones como el norte argentino y Brasil, el uso de GLP sigue siendo preferible por razones logísticas y económicas. Además, la demanda externa abre ventanas: por ejemplo, la guerra en Medio Oriente llevó a la India a buscar cargamentos argentinos de propano y butano.
En ese caso los compradores pagaron un recargo notable: abonaron un extra de US$ 400 por tonelada sobre la referencia habitual para asegurar el suministro. Estas primas muestran la fortaleza de la oferta local en momentos de tensión global.












