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Con la llegada de las olas de calor conviene ajustar lo que se lleva al plato. Elegir bien los alimentos influye en la hidratación, la energía y la digestión. Pequeños cambios en la dieta ayudan a sentirse mejor durante todo el día. A continuación, repasamos qué evitar y qué preferir para afrontar el verano con más confort.
Alimentos y bebidas que conviene evitar cuando hace mucho calor
Carnes rojas, embutidos y grasas sólidas
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Las carnes rojas y los embutidos aportan muchas calorías por porción y suelen ser difíciles de digerir. Ese mayor esfuerzo digestivo eleva la sensación de cansancio y hace que el cuerpo genere más calor. Por eso, en días calurosos es habitual sentir molestia después de comidas pesadas. Reducir grasas saturadas ayuda a mantener más energía y menos sensación de sofoco.
Fritos y platos muy elaborados
Los alimentos fritos y las recetas cargadas de salsas aumentan la carga metabólica. Al cuerpo le lleva más tiempo procesarlos y eso puede provocar pesadez. Además, las frituras suelen contener aceites que retrasan la digestión. Evitarlas favorece una recuperación más rápida tras las comidas.
Bebidas azucaradas, con cafeína y alcohol
No todas las bebidas frías hidratan por igual. Refrescos azucarados, café y alcohol pueden aumentar la pérdida de agua por orina. Estas bebidas también alteran los electrolitos que el organismo necesita para estar equilibrado. Priorizar agua y bebidas isotónicas bajas en azúcares es una opción más efectiva para reponer líquidos.
Postres cremosos y dulces muy calóricos
Helados industriales, tortas y postres con mucha grasa elevan la temperatura interna tras la ingestión. Además, son susceptibles a deteriorarse si no se mantienen en frío, lo que aumenta el riesgo de intoxicaciones. Optar por alternativas menos densas facilita la digestión y reduce el trabajo del organismo. Preferir frutas frescas suele ser más seguro y refrescante.
Qué incluir en la dieta de verano: opciones que refrescan e hidratan
Las frutas y verduras con alto contenido de agua son aliadas del calor. Sandía, melón, pepino y frutillas aportan líquido y vitaminas con pocas calorías. Incorporarlas en ensaladas y batidos facilita la ingesta diaria de agua y electrolitos.
Las proteínas de fácil digestión también son recomendables. Pescados, pollo sin piel y legumbres cocidas en porciones moderadas ofrecen proteína sin sobrecargar el sistema digestivo. Equilibrar proteínas y verduras ayuda a mantener energía sin generar exceso de calor corporal.
Algunas ideas prácticas para sumar a la dieta:
- Sandía, melón y cítricos para hidratación rápida.
- Pepino, apio y calabacín en ensaladas o gazpachos.
- Pescado blanco a la plancha y pollo al vapor.
- Legumbres frías, como ensalada de garbanzos o lentejas.
Prácticas seguras para conservar y manipular alimentos con altas temperaturas
Con calor, los alimentos perecederos se estropean más rápido y aumentan las probabilidades de enfermedad. Mantener la cadena de frío y evitar dejar platos cocidos a temperatura ambiente es fundamental. También es clave la higiene en la manipulación para bajar el riesgo de contaminación cruzada.
Recomendaciones sencillas para aplicar hoy mismo:
- Lavarse las manos antes y después de manipular comida.
- Separar utensilios y tablas para crudos y cocidos.
- Refrigerar perecederos por debajo de 5 °C rápidamente.
- No dejar comidas fuera más de dos horas en días calurosos.
- Usar agua potable y lavar bien frutas y verduras.












