noviembre 28, 2022

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Artemides Zatti: salesiano, amigo de los pobres y de los enfermos

Medios del Vaticano

Artemides Zatti nació en Boretto, Régio da Emilia, Italia, el 12 de diciembre de 1880. Cuando tenía 9 años, sus padres, Albina Vecchi y Luís Zatti, lo enviaron a trabajar en el campo.

Debido a numerosas dificultades económicas, la familia decidió emigrar a Argentina en 1897. Llegaron a Buenos Aires el 9 de febrero y, cuatro días después, partieron hacia Baía Branca. Durante dos años Artemide trabajó en una fábrica de ladrillos, mientras asistía a la iglesia parroquial, cuyo párroco, el padre Carlos Cavalli, pronto se convirtió en su gran amigo y director espiritual.

En 1900, notando la intensa vida espiritual de Artemisa, el padre Carlos le sugirió al joven que ingresara como aspirante al seminario salesiano de Bernal. Dos años más tarde, mientras asistía a un sacerdote enfermo, contrajo el virus de una enfermedad y tuvo que postergar la idea de ingresar al noviciado.

Después de un largo período de convalecencia, que duró hasta 1904, Artémide se volvió muy sensible al problema de las personas que sufrían en hospitales y hogares, especialmente los más pobres. Así, prometió a la Virgen María que en el futuro se dedicaría al cuidado de los enfermos.

En 1906 pudo finalmente entrar en el noviciado y en 1911 emitió sus votos perpetuos como salesiano coadjutor. Ese mismo año se le encomendó la administración de la farmacia y, paulatinamente, la dirección del hospital local. Su interés y devoción por los enfermos fue creciendo con los años y, a la pasión por su ministerio, se sumó también su sed de saber y conocimiento científico, especialmente en el campo de la medicina. En 1917 obtuvo el título de «Ideal en Farmacia» y el certificado de «Enfermero Profesional».

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La actividad hospitalaria de Artemide continuó a toda velocidad durante muchos años hasta que en julio de 1950 los médicos descubrieron que tenía un tumor en el hígado. Murió sereno y ya con fama de santidad, en la mañana del 15 de marzo de 1951, abandonando su alma al Dios misericordioso y agradeciéndole el don del servicio que supo rendir a su santísimo Nombre. Fue beatificado por San Juan Pablo II el 14 de abril de 2002 y ahora canonizado por el Papa Francisco.