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- Pilar Sordo y la crisis actual de la comunicación: señales clave
- Del lenguaje digital al empobrecimiento afectivo: causas y consecuencias
- Diálogo interno: cómo influye en la autoestima y en la visión del mundo
- Duelo y cambio: la incomodidad como impulso para crecer
- Estrategias prácticas para recuperar la escucha y reforzar los vínculos
Pilar Sordo, psicóloga y autora chilena, ofrece una lectura crítica de cómo cambiaron nuestras conversaciones y qué consecuencias tienen esos cambios en la salud mental. En diálogo con José del Río para LA NACION, destacó la relación entre la pobreza del lenguaje, la pérdida de paciencia y la dificultad para sostener vínculos profundos. Sus reflexiones cruzan el terreno del diálogo interno, el duelo y la necesidad de aceptar la finitud como parte de la vida. El resultado es una advertencia sobre cómo el modo en que hablamos —y nos hablamos— condiciona el bienestar colectivo.
Pilar Sordo y la crisis actual de la comunicación: señales clave
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Sordo observa que la comunicación cara a cara se empobrece y que ese fenómeno tiene efectos visibles en la psiquis. Señala una reducción del vocabulario disponible para expresar emociones y experiencias. Esa carencia dificulta que las personas describan lo que les sucede por dentro.
Según la psicóloga, ese déficit no solo limita la expresión, sino que erosiona la capacidad de ser comprendido. Al disminuir la riqueza verbal, las relaciones tienden a volverse superficiales. La profundidad emocional requiere palabras precisas, insiste Sordo.
En la entrevista, la autora conecta esta crisis comunicativa con la aparición de respuestas rápidas y fragmentadas. Eso provoca conversaciones truncas y monólogos simultáneos. El intercambio pierde su calidad transformadora cuando nadie escucha de verdad.
Del lenguaje digital al empobrecimiento afectivo: causas y consecuencias
El uso creciente de emoticones y abreviaturas amplifica la pérdida de matices en la comunicación. Para Sordo, esa sustitución debilita la posibilidad de describir estados internos complejos. La consecuencia es una menor tolerancia a la molestia que genera el otro.

- Menos vocabulario para nombrar emociones.
- Conversaciones fragmentadas y con poca profundidad.
- Escasa paciencia para escuchar y procesar lo que el otro dice.
Estos cambios facilitan la creación de vínculos superficiales. Cuando la comunicación se reduce a flashes, aumenta la sensación de incomunicación. El resultado es un clima emocional más frágil y vulnerable.
Diálogo interno: cómo influye en la autoestima y en la visión del mundo
Sordo dedicó años a estudiar el diálogo interno y concluye que la forma en que nos hablamos determina el amor propio. Cómo te hablas define tu percepción del mundo, afirma la psicóloga. Esa autopercepción se proyecta hacia fuera y moldea las relaciones.

Si una persona cree ser confiable o valiosa, tiende a comportarse con coherencia y eso influye en su entorno. En cambio, una autocrítica constante puede cerrar puertas emocionales. La manera de hablarnos condiciona incluso la forma en que transitamos el duelo.
El diálogo interno incide en el propósito vital y en la expresión de sentimientos. Las narrativas internas sirven de motor para decidir cómo actuar en las pérdidas. Por eso, cuidar ese lenguaje interior tiene impacto directo en la salud mental.
Duelo y cambio: la incomodidad como impulso para crecer
Para Sordo, el crecimiento pasa por atravesar incomodidades y reconocer la propia fragilidad. Critica la presión social por mantener un estado de felicidad permanente. En su lectura, esa exigencia impide enfrentar el dolor necesario para transformarse.
La incomodidad es la puerta hacia el cambio, sostiene la autora, y advierte contra la cultura de la evasión. Defender el derecho a equivocarse y a modificar decisiones es parte de ese proceso. Salir de contextos que no generan bienestar también forma parte del aprendizaje.
Estrategias prácticas para recuperar la escucha y reforzar los vínculos
La especialista sugiere ejercicios concretos para fortalecer la comunicación y el diálogo interno. Propone recuperar el hábito de narrar experiencias con palabras completas. Además, apuesta por reducir el uso de atajos digitales cuando se trata de asuntos sensibles.
- Practicar la escucha activa sin interrumpir durante minutos seguidos.
- Nombrar sensaciones concretas: miedo, ira, tristeza, alivio.
- Convertir el diálogo interno en una conversación amable y realista.
- Permitir la equivocación como parte del aprendizaje emocional.
Implementar estas prácticas demanda paciencia y constancia. No son soluciones instantáneas, sino hábitos que reconstruyen la confianza. Poco a poco, la calidad de los vínculos puede recuperar su profundidad.












