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- Balance político: autocrítica y reconocimiento de errores
- Cómo las internas afectaron la gestión y la toma de decisiones
- Políticas sociales: tensión, cortes de programas y protestas
- La búsqueda de liderazgo dentro del peronismo bonaerense
- Comparación con el Gobierno actual: unidad de gabinete y críticas
- Servicios públicos: hospitales y escuelas en el centro del debate
Juanchi Zabaleta reapareció con una crítica dura sobre la gestión del Frente de Todos entre 2019 y 2023 y cuestionó cómo la política respondió —o dejó de hacerlo— frente a las urgencias sociales. Sus reflexiones mezclan autocrítica, análisis de internas y reproches por la pérdida de contacto entre dirigentes y ciudadanos. En ese hilo, el exintendente de Hurlingham y exministro de Desarrollo Social traza un balance que busca explicar por qué la sociedad terminó castigando al espacio gobernante. El relato, cargado de ejemplos concretos, apunta además a marcar responsabilidades internas.
Balance político: autocrítica y reconocimiento de errores
Zabaleta sostuvo que la gestión anterior dejó una percepción pública muy deteriorada y afirmó que faltó asumir responsabilidades. Según su lectura, la ausencia de autocrítica contribuyó a que la ciudadanía perdiera confianza en el proyecto. Advirtió que nadie pidió disculpas públicas por los errores más visibles. Para él, ese silencio fue clave en el descrédito del espacio.
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El exfuncionario recordó su paso por el gabinete como una experiencia que enseñó límites del poder cuando aflora la desorganización. Señaló que la multiplicidad de decisiones contradictorias generó desgaste entre la gente. Su diagnóstico mezcla frustración personal y análisis político.
Cómo las internas afectaron la gestión y la toma de decisiones
En su relato, las peleas internas del Gobierno impactaron en la capacidad de resolver problemas concretos. Describió la dinámica ejecutiva como fragmentada y, en ese contexto, las propuestas no llegaron a implementarse con coherencia. Comparó esa falta de unidad con un Ejecutivo que parecía tener dos cabezas, una metáfora para explicar la ausencia de rumbo conjunto. Esa fractura, dijo, terminó debilitando la gestión ante la sociedad.
También resaltó que muchas discusiones se realizaron hacia adentro sin consecuencias públicas útiles. Ese circuito cerrado, según Zabaleta, evitó que se construyeran respuestas coordinadas. El resultado fue una agenda pública descuidada.
Políticas sociales: tensión, cortes de programas y protestas
Durante su paso por Desarrollo Social vivió momentos de fuerte presión social. Relató episodios de reclamos callejeros y acampes frente al ministerio que presionaron la gestión. Consideró que algunas decisiones sobre planes sociales no se comunicaron ni acompañaron con alternativas laborales. Esa falta de estrategia generó conflictos con movimientos sociales y sindicatos.
- Acampes y piquetes frente al ministerio por recortes o límites en beneficios.
- Debates internos sobre continuidad y reemplazo de programas sociales.
- Falta de coordinación con sindicatos para políticas de empleo.
Para Zabaleta, esa tensión se tradujo en una sensación general de abandono en sectores vulnerables. Añadió que la economía en retroceso agrava la situación y que muchas familias buscan alternativas para llegar a fin de mes. El cuadro, en su visión, explica parte del rechazo ciudadano.
La búsqueda de liderazgo dentro del peronismo bonaerense
El dirigente puso foco en la necesidad de figuras que organicen y encabecen propuestas claras. Señaló a Axel Kicillof como una posible referencia para iniciar una recomposición. Pidió que se deje de castigar a quienes tienen capacidad de gobernar y que se construyan consensos en torno a proyectos concretos. Para Zabaleta, la provincia de Buenos Aires puede ser un laboratorio para esa recuperación política.
Advirtió que sin una conducción visible y decisión, el espacio corre el riesgo de seguir en la irrelevancia. Reclamó menos especulación y más definiciones. El llamado es a que los dirigentes recuperen contacto con las prioridades sociales.
Comparación con el Gobierno actual: unidad de gabinete y críticas
Frente al nuevo Ejecutivo, Zabaleta valoró la homogeneidad del gabinete como un rasgo distintivo. Dijo que la cohesión interna permite tomar decisiones rápidas y mantener disciplina política. Reconoció que la uniformidad del gabinete de Javier Milei le da ventaja en materia de coordinación. Sin embargo, matizó que esa virtud no garantiza aciertos en lo social.
Al mismo tiempo cuestionó la ausencia de autocrítica en el peronismo y la falta de un “jefe” que tolere riesgos y defina prioridades. Considera que, si Kicillof asume ese rol, podría ayudar a reconstruir la narrativa. Todo dependerá, según él, de la voluntad de los propios cuadros.
Servicios públicos: hospitales y escuelas en el centro del debate
En su diagnóstico incluyó la precariedad de servicios esenciales como un síntoma de gestión fallida. Mencionó hospitales con dificultades operativas y escuelas con falta de mantenimiento. Advirtió que el lema del “Estado presente” quedó desdibujado frente a problemas concretos. Para Zabaleta, reconocer esas deficiencias es un paso necesario para recuperar credibilidad.
Señaló además que el manejo de la pandemia fue uno de los pocos elementos con evaluación positiva, pero que eso no fue suficiente. Tras ese período, dijo, la descoordinación volvió a imponerse. El desafío, en su lectura, es transformar el diagnóstico en acciones claras y sostenibles.












