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El fenómeno therian explotó en redes y se instaló entre adolescentes como tendencia y misterio a la vez. Lo que para muchos es una forma de juego o estética, para otros despierta inquietud. Especialistas llaman a observar con atención porque detrás de disfraces y actitudes pueden aparecer necesidades emocionales no resueltas. El psicoanalista y psiquiatra infantojuvenil Francisco Guerrini ofrece claves para entender este movimiento.
Therian en Internet: auge, curiosidad y debate público
En plataformas como TikTok y otras redes, videos y comunidades therian ganaron alcance rápido. La visibilidad facilitó que jóvenes se identifiquen y compartan experiencias. Esa circulación genera, a su vez, preguntas sobre límites y seguridad en espacios digitales.
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La reacción pública mezcla curiosidad, humor y alarma. Algunos expertos recomiendan no banalizar el tema, porque en ciertos casos hay malestar emocional detrás. Detectar sufrimiento es esencial, subraya Guerrini.
Buscar identidad en la adolescencia: por qué aparecen estas identidades
Las identidades alternativas suelen surgir como respuesta generacional a modelos previos. Muchos adolescentes exploran formas radicales de diferenciarse de tribus urbanas anteriores y de lo establecido. Este proceso forma parte de la construcción del yo y puede expresarse mediante símbolos, atuendos o conductas.
Los jóvenes a veces experimentan su identidad como algo distinto a sí mismos. Esa vivencia puede manifestarse con intensidad y teatralidad. En contextos sin contención, la búsqueda de identidad puede volverse más extrema.
Familia y contención: el primer foco de intervención
Guerrini destaca la importancia de mirar el entorno familiar antes que etiquetar conductas. El abordaje clínico suele comenzar con entrevistas profundas a los padres para reconstruir la historia del chico. Comprender vínculos y ritmos domésticos ayuda a identificar carencias afectivas o fallas en la contención.
Cuando faltan figuras de referencia, los adolescentes buscan modelos en pares y en la cultura digital. Esa búsqueda explica en parte por qué algunos chicos se adhieren con fuerza a grupos online. La presencia adulta puede marcar la diferencia en cómo se procesan estas vivencias.
Cómo pueden actuar padres y adultos responsables
Los especialistas recomiendan acciones concretas y realistas para brindar apoyo. Mantener diálogo abierto sin juzgar facilita que el joven comparta su experiencia. También es importante limitar el uso de pantallas y ofrecer alternativas de pertenencia fuera de internet.
- Escuchar con calma y sin condenar.
- Consultar a un profesional ante señales de angustia.
- Favorecer actividades grupales presenciales.
- Supervisar y orientar el uso de redes sociales.
Cuando deja de ser un juego: señales de alarma
Existe una línea difusa entre expresión lúdica y conducta que exige intervención. Los expertos advierten que acciones peligrosas, como agresiones, cambian el marco clínico. En esos casos se debe evaluar con rigor la salud mental del joven.
Atento a estas señales:
- Conductas violentas contra otros.
- Aislamiento social marcado y pérdida de hábitos.
- Alteraciones importantes del sueño o la alimentación.
- Sufrimiento familiar o escolar evidente.
Redes sociales, atención y efectos neurobiológicos
Guerrini pone el foco en el impacto del consumo digital sobre la mente adolescente. El uso excesivo de redes promueve un estado de atención fragmentada. Eso puede reducir la capacidad de pensamiento crítico y la concentración.
El problema central es el scroll constante, explica el especialista. Cuando la corteza frontal se afecta, disminuye la regulación emocional y la capacidad de estudio. Por eso recomienda supervisión y hábitos que fomenten la reflexión fuera de la pantalla.












