PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Cambiemos un escenario de tensión en la alianza gobernante
La Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires María Eugenia Vidal incorporó a sus filas al intendente de San Miguel Joaquín de la Torre
Elisa Carrió volvió a patear el tablero. Su denuncia contra el jefe de la Policía Pablo Bressi a quien vincula con el narcotráfico, parece no agotarse en la figura del alto jerarca policial. Por el contrario, esparce sus esquirlas y llega hasta los despachos de al menos un alto funcionario del gobierno bonaerense.
La diputada nacional se encargó, en la carta con las imputaciones a Bressi que le envió a la gobernadora María Eugenia Vidal, de dejar abierta la puerta para que la investigación que le prometió la mandataria se extienda un poco más allá de la cúpula policial.
No parece inocente que Carrió escribiera de puño y letra que el sistema de recaudación ilegal de la policía “no ha cesado ni mermado en ninguno de sus aspectos”. Sin embargo, la frase más fuerte es la que, tras dejar a salvo a Vidal de las sospechas, afirma que “el dinero negro de la policía corre como antes pero no se sabe hasta dónde llega”.
Lilita nunca lo menciona, pero sus dardos parecen apuntar al ministro de Seguridad, Cristian Ritondo.
En el gobierno bonaerense aseguran que las denuncias de la diputada se investigarán, como cualquiera de las muchas que llegan a los despachos oficiales. Pero no dejó de llamar la atención la embestida que, además, incomoda al Ejecutivo.
LECTURA
Hay funcionarios tentados en hacer una lectura acotada y vinculada a la pelea electoral del año que viene, sobre las motivaciones de la carta de Carrió. Lilita aspira a ser senadora nacional por la Provincia, pero en su mayoría el PRO y la propia Vidal se inclinan por impulsar al intendente de Vicente López, Jorge Macri.
Cerca de Carrió afirman que “están empujando” a la líder de la Coalición Cívica a ir a una desventajosa interna con el primo del Presidente. La diputada no tendría intenciones de dar esa pelea. Según esa hipótesis, la carta-denuncia sería una reacción frente a las trabas que encontraría en sus socios de Cambiemos para acceder al Senado.
La cuestión, sin embargo, vuelve sobre los tiempos del arranque de la gestión Vidal y el armado de la cúpula policial. Bressi fue jefe del área de Narcotráfico con el ex ministro sciolista Alejandro Granados. Cuando asumió Ritondo, fue elegido jefe de la Policía, dicen voceros oficiosos del Gobierno, con el aval de la DEA, la agencia federal de lucha contra la droga en los Estados Unidos.
Carrió ha puesto bajo la lupa a Bressi, a Granados y al ex jefe de la fuerza, Hugo Matzkin. La política tiene sus idas y vueltas: al intendente peronista de Ezeiza aparece, por estos tiempos, muy cercano a Cambiemos tejiendo acuerdos con sectores del PJ dispuestos a teñirse de amarillo.
La denuncia, además, pone a Vidal en un brete. La primera reacción de la mandataria fue resistir la embestida de Carrió. Habló en buenos términos con la diputada, pero no cedió ante el pedido de renuncia a Bressi que roza a su ministro Ritondo.
En el Ejecutivo provincial acaso huelan que acogerse sin chistar a los reclamos de Lilita pueda terminar con la carrera de algún otro de los actuales ministros de Vidal que supo estar en la mira impiadosa de la legisladora.
UNA LLEGADA CON RUIDO
El ruido interno que generó Carrió con sus denuncias no fue el único que se produjo en Cambiemos. La llegada del intendente peronista Joaquín De la Torre al gabinete provincial terminó por profundizar el malestar del radicalismo.
Vidal optó por la vieja opción de crear estructuras burocráticas para facilitar el ingreso del alcalde a su equipo y, de paso, conservar al único representante de la UCR dentro del gabinete con rango ministerial: desdobló el ministerio de la Producción y alumbró el de Ciencia y Tecnología.
La llegada de De la Torre a Producción supone sumar a una figura del peronismo del Conurbano a Cambiemos, un territorio clave para la elección del año que viene. El todavía intendente tendrá la misión extra de que su figura no sea la única con ese perfil en el esquema de Vidal: deberá ir a pescar en las atribuladas aguas del peronismo.
El radicalismo bonaerense ve a ese arribo con indisimulada inquietud. La cuestión excede la indiscutible pérdida de poder que sufrirá Elustondo. Es mucho más profunda y tiene que ver con que la UCR empieza a sentir el rigor del rol de socio minoritario en la alianza oficial que se empeña en asignarle el PRO.
Para muestra basta un botón. Horas antes de que se concretara el anuncio del arribo de De la Torre, Vidal recibió a la conducción del radicalismo y al vicegobernador Daniel Salvador. No les dijo una palabra acerca de la decisión que adoptaría poco después.
A los radicales los incomodan los movimientos políticos del Ejecutivo bonaerense en procura de atraer peronistas. “Somos una coalición, estas decisiones políticas hay que hablarlas”, decían ayer en la UCR.
Hay dirigentes que están abriendo el paraguas ante decisiones que pudieran venir. El PRO, como se dijo, habla con Granados pero también empuja para traerse al ex cazatraidores de Néstor Kirchner, Mario Ishii, el intendente de José C. Paz, dos típicos exponentes del peronismo del Conurbano. “Así es difícil conservar el perfil de Cambiemos de cara a la sociedad”, braman en los comités.
Ese clima de tensión quizás sea el anticipo de una discusión que deberá saldarse en 2017: la integración de las listas de candidatos. Los radicales, por lo pronto, avisaron que si los relegan etsán dispuestos ir a la interna contra los postulantes macristas.
Acaso menos tensión genere el intento de Vidal por acercarse a Margarita Stolbizer. En los próximos días aparecerán juntas en una actividad en La Matanza.
La diputada aparece más cerca de Sergio Massa con quien podría compartir lista en las elecciones del año próximo, pero en el PRO no pierden las esperanzas de acercar a la dirigente de Morón, que aparece bien ponderada en las encuestas.
“El problema es que Vidal la quiere sólo a Margarita. Y con Massa se avanzó en un acuerdo estructural”, dicen cerca de la legisladora.